Mara vivía rodeada de nubes. Algunas eran ligeras y pasajeras; otras se volvían tan densas que apenas la dejaban ver.
Cuando se quedaba bajo ellas, sentía frío, tristeza y soledad.
Un día, cansada de sufrir, preguntó al cielo:
—¿Por qué me cubres de tantas nubes?
El cielo respondió con calma:
—No son castigo. Son pensamientos que has dejado crecer. Si te quedas bajo ellos, te empapas. Si te atreves a mirar más allá, descubrirás que siempre hay claridad.
Mara probó algo distinto. En lugar de seguir cada nube con la mirada, levantó los ojos hacia lo alto.
Las nubes seguían allí, pero ya no la cubrían del todo.
Y comprendió que podían pasar frente a ella, sin apagar la luz que llevaba dentro.