Jorge era un excelente jardinero. Sabía sembrar, cuidar la tierra y fertilizar las plantas para que crecieran fuertes y sanas.
Su hermana, en cambio, tenía otro don: sabía ver la belleza final y montar los ramos más hermosos que existían.
Un día, el rey, atraído por la elegancia de aquellos ramos, quiso contratar a la familia de Jorge para decorar los eventos del palacio. Pero Jorge decidió hacerlo él mismo. No permitió que fuera su hermana quien se encargara de aquello que mejor sabía hacer.
El final de esta historia… ya lo conocéis.
Las historias no cuentan nada nuevo. Cuentan aquello que ya sabemos, pero hemos olvidado.